2024: Un Año de Viajes y Transformación

Hoy escribo una carta de despedida al 2024, un año que ha sido como una montaña rusa: risa y gozo en sus cumbres, melancolía y aprendizaje en sus caídas. Pero, por encima de todo, ha sido un año lleno de vida. Un año en el que los viajes no solo me llevaron a nuevos destinos, sino también a nuevos rincones de mi ser.

De Viena a Sevilla, de Londres a Ávila, cada lugar me dejó recuerdos que son mucho más que simples anécdotas; son pequeños espejos de quién fui en cada momento. La campiña inglesa me enseñó la belleza de los pequeños desvíos. En Sanlúcar, el balcón convertido en vía de escape me recordó la magia de la improvisación. Y aquella ceja casi perdida en el pueblo de mi padre me dejó la lección de respetar hasta el más pequeño de los detalles.

Volver a Viena fue como volver a casa, pero esta vez lo hice con mi hermana, compartiendo con ella la grandeza de la ópera y la historia. Londres me desafió, mostrándome que a veces un lugar necesita tiempo para ser comprendido. Y Sevilla… ah, Sevilla. Se siente como un refugio, un lugar donde la amistad florece y donde Victoria se convirtió en un ser de luz en mi vida.

2024 también fue un año de introspección. Aprendí que no todas las amistades están destinadas a durar, y está bien. Hay quienes permanecen, quienes se marchan, y quienes simplemente están en tránsito. Aprendí a decir “no,” a priorizarme, a entender que el amor propio no es egoísmo, sino supervivencia.

En este año, he sido testigo de logros que no son míos, pero que llenan mi corazón de orgullo. Patricia, camino a la maternidad y al amor pleno. Alba, navegando por un año difícil con la fuerza de una guerrera silenciosa. Ellas me enseñaron que la resiliencia y el amor son fuerzas imparables.

También cerré capítulos. El 23 de agosto marqué el punto final con Alejandro, una decisión que nació del dolor pero que floreció en paz. Dejé ir, perdoné y elegí recordar lo bueno. Y aunque el adiós fue duro, sobreviví.

Pero si hay algo que marcó este año fue ser parte de un momento histórico: cantar “In the middle of the night, in Madrid” junto a Taylor Swift. Dos noches que no solo fueron conciertos, sino experiencias que me conectaron con algo más grande.

Finalmente, 2024 me regaló algo invaluable: la reconciliación con mis hermanas. Después de años de buscar nuestro lugar, navegamos ahora en la misma dirección, unidos como nunca antes.

2024, fuiste un año lleno de contrastes y lecciones. Gracias por todo lo que me diste y todo lo que me quitaste. Te despido con una frase que resume este capítulo:

“I once believed love would be burning red, but it’s golden, like daylight.”

Y así, con gratitud y esperanza, doy la bienvenida al próximo viaje.

Angel Flores