Blake Lively vs. el sistema: ¿cuánto cuesta denunciar?

Blake Lively para Tiffany & Co.

En la industria del entretenimiento, las estrategias de relaciones públicas pueden hacer o deshacer la reputación de una celebridad. Recientemente, Blake Lively se ha visto envuelta en una disputa legal con su coprotagonista y director de It Ends With Us, Justin Baldoni, acusándolo de acoso sexual y de liderar una campaña para dañar su reputación. Según The New York Post, Lively asegura que Baldoni utilizó tácticas de manipulación social y mediática para distorsionar los hechos, presentándola como problemática y afectando su imagen pública.

Este caso recuerda otros momentos en que la imagen de una figura pública ha sido puesta en juego. Amber Heard, por ejemplo, se convirtió en el centro del juicio mediático durante su disputa con Johnny Depp. Más allá de las cortes, lo que definió la percepción pública de Heard fue una agresiva campaña de relaciones públicas y el efecto amplificador de las redes sociales. The Independent reveló que Heard incluso despidió a su equipo de PR en medio del juicio para intentar controlar la narrativa. A pesar de sus esfuerzos, la combinación de memes, desinformación y discursos polarizantes influyó significativamente en cómo fue percibida.

Un caso diferente, pero igualmente relevante, es el de Taylor Swift, quien ha sido atacada públicamente en múltiples ocasiones, pero ha logrado manejar su narrativa con gran destreza, gracias en parte a su propio equipo de relaciones públicas. En 2016, durante su conflicto con Kanye West y Kim Kardashian, Swift fue calificada como “serpiente” en redes sociales después de que Kardashian publicara una grabación editada que parecía exponerla como deshonesta. Este ataque masivo pudo haber destruido su carrera, pero Swift utilizó su poder mediático para resurgir. Según Rolling Stone, convirtió el insulto en una estrategia, adoptando la imagen de una serpiente en su gira “Reputation” y reescribiendo su narrativa como una artista resiliente e independiente.

Por otro lado, Britney Spears es un ejemplo clásico, y el más triste de todos, de cómo la maquinaria mediática puede destrozar la imagen de una celebridad. En la década de 2000, Spears fue perseguida por los tabloides y ridiculizada por su comportamiento personal, sin considerar los problemas de salud mental que atravesaba. The New York Times documentó en el documental Framing Britney Spears cómo los medios y las relaciones públicas influyeron para crear una narrativa que beneficiaba a terceros a costa de la cantante. Décadas después, su lucha por la libertad de su tutela reveló el alcance del daño que etas manipulaciones pueden ocasionar.

Incluso actores como Robert Pattinson han enfrentado campañas para controlar su imagen. Durante su relación con Kristen Stewart y tras el escándalo de infidelidad en 2012, Pattinson fue retratado por los medios como un hombre roto y dependiente. Sin embargo, el actor reconstruyó su carrera alejándose de las grandes franquicias y priorizando proyectos artísticos. Según Variety, esto fue parte de una estrategia calculada para redefinir su imagen de ídolo adolescente a actor serio y respetado.

Lo que estos casos tienen en común es cómo las celebridades son afectadas, o incluso definidas, por las narrativas públicas construidas a través de medios tradicionales y redes sociales. En el caso de Blake Lively, su demanda también expone cómo estas tácticas de relaciones públicas se utilizan para silenciar o desacreditar a quienes denuncian comportamientos inapropiados.

En una era donde las redes sociales tienen tanto poder como las relaciones públicas tradicionales, los personajes públicos deben navegar cuidadosamente en un entorno donde cada palabra, acción o silencio puede moldear su futuro. Mientras algunos, como Taylor Swift, han logrado retomar el control de su narrativa, otros siguen luchando contra un sistema que, en ocasiones, está diseñado para destruir antes que apoyar.

Estos casos no solo destacan los inconvenientes de ser una figura pública, sino que también nos invitan a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como consumidores de contenido mediático. ¿Cuánto de lo que creemos sobre un famoso está basado en hechos y cuánto en estrategias cuidadosamente diseñadas para manipular nuestra percepción?

Angel FloresBlake Lively